EL DECLIVE DE LAS POBLACIONES DE ABEJAS

Por Elba Stancich *

Artículo publicado originalmente en la Agenda Ambiental Legislativa 2020 del Círculo de Políticas Ambientales.

Anton Janša nació en 1734 en una familia de apicultores en Eslovenia. Si bien era aficionado a la pintura como sus hermanos, a temprana edad mostró su pasión por la apicultura convirtiéndose en 1770 en el primer maestro en enseñar la cultura de las abejas en la escuela de apicultura de Viena. Además de haber escrito libros pioneros sobre el tema, se le reconoce haber cambiado el tamaño y la forma de las colmenas de forma tal que puedan apilarse juntas como bloques, como son en la actualidad.

El 20 de mayo de 2018, se celebró por primera vez el “Día Mundial de la Abeja”, en honor a la fecha de nacimiento de Janša. La creación de este día fue propuesta por la República de Eslovenia, con el apoyo de Apimondia, la Federación Internacional de Asociaciones de Apicultores y la FAO. El día fue proclamado por Naciones Unidas en su Asamblea General de 2017.[1]

En el texto de la resolución de Naciones Unidas se expresa la preocupación sobre las abejas y otros polinizadores que están en peligro por varios factores; en particular por los efectos de las actividades humanas tales como los cambios en el uso del suelo, prácticas de agricultura intensiva, el uso de pesticidas, contaminación, pestes, enfermedades y el cambio climático, los cuales amenazan su hábitat, salud y desarrollo. También reconoce que mejorar los servicios de la polinización es importante para alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

La polinización[2] beneficia la nutrición humana, no solo permite la producción de una gran cantidad de frutas, nueces y semillas, sino también una mayor variedad y una mejor calidad. Las abejas y otros polinizadores, como las aves y los murciélagos, afectan al 35 por ciento de la producción mundial de cultivos, aumentando la producción de 87 de los principales cultivos alimentarios del mundo, además de muchos medicamentos derivados de plantas. Aproximadamente dos tercios de las plantas de cultivo que alimentan al mundo dependen de la polinización de los insectos o de otros animales para producir frutos y semillas saludables para el consumo humano (FAO, 2019).

La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) realizó una evaluación de más de 3.000 informes científicos sobre polinizadores, -además de recolectar información de pobladores de más de 60 sitios alrededor del mundo- que dio a conocer en 2016. De ahí surge que más del 40% de las especies de polinizadores invertebrados, particularmente abejas y mariposas, están en vías de extinción.[3]

El Síndrome de Colapso de las Abejas o Colony Collapse Disorder, es un término acuñado por científicos norteamericanos a partir del año 2006, para definir la inexplicable y masiva desaparición de abejas denunciada por los apicultores norteamericanos que, en algunos casos, causó pérdidas de 50 % a 90 % de las colmenas de abejas en pocas semanas, lo que se tradujo en una repentina desaparición de apiarios.[4]

La cantidad de colonias de abejas melíferas (Apis mellifera, productora de miel) bajo manejo en Estados Unidos disminuyó de 5,9 millones en la década de 1940 a 1,9 millones en 1996, y la mayoría de las colonias silvestres se perdieron. En Italia, Austria, Francia, Alemania, Países Bajos, Suecia y Hungría las colonias de melíferas tuvieron un declive entre el 15% al 30% entre 1985 y 2005.[5] Actualmente es una problemática que se ha incrementado de manera preocupante a lo largo de los años y se ha extendido a todo el mundo, generando fuertes degradaciones en los ecosistemas y pérdidas económicas de gran valor. En Europa y América del Norte, cada año se pierde entre un tercio y la mitad de las colonias de abejas.[6]

La mayoría de los países en Latinoamérica no cuentan con estadísticas sobre pérdida de colmenas de la abeja melífera. Por lo que la Sociedad Latinoamericana de Investigación en Abejas (Solatina), realizó con investigadores argentinos y de otros países, la primera encuesta para estimar los niveles de mortalidad de colmenas de abejas melíferas y de abejas nativas sin aguijón (meliponas). Según los datos facilitados por un millar de productores de una decena de países de la región, del 1 de octubre 2016 al 1 de octubre 2017 se perdieron 56,1% de colmenas de abejas melíferas en Chile y un 12,6% en Ecuador y Perú. Por otro lado, Brasil perdió el 41% de colmenas de abejas nativas sin aguijón.

La encuesta analizó una muestra de 138.784 colmenas de abejas melíferas y 2.199 de abejas nativas sin aguijón de diversos países entre los que destacan Argentina, México, Uruguay y Brasil. Con una pérdida del 34% de sus colmenas de abejas melíferas, Argentina, es el quinto país de América latina en mortalidad de estos insectos.[7] Actualmente Solatina está procesando datos obtenidos de los últimos dos años.

Pese a estas pérdidas, la evolución de la producción mundial de miel natural muestra una tendencia positiva. En el período 1990-2016 creció un 52,4%, habiendo sido de 1,79 millones de toneladas en el 2016 (FAO, 2018). La mínima producción se registró en el año 1996 (1.096.758 t) y la máxima en 2015 (1.825.752 t).

En la evolución de la producción de miel de Argentina se observan ciclos de importantes crecimientos y abruptas caídas. Los valores de 1990 y 2016 son similares, representando entre el 3%-4% de la producción mundial, con un pico en el año 2005 que alcanzó el 8% de la producción mundial (110 mil toneladas). En los últimos años, la producción de miel se encuentra entre los 60 mil y 65 mil toneladas anuales, con una tendencia a la baja; en 2016 fue de 51 mil toneladas.

La variación ocurrida en la producción de miel de los principales países productores está acompañada por la cantidad de colmenas. Se registra un aumento de la cantidad de colmenas en China y Turquía (mayores productores a nivel mundial), y una caída en Estados Unidos y Ucrania. De acuerdo a la información de FAO (2018), Argentina incrementó la cantidad hasta el año 2002, manteniéndose luego en torno a los 3 millones de colmenas.

En cuanto al comercio mundial, China lidera el ranking de volúmenes exportados, seguida por Argentina. En cambio, en USD, el segundo lugar lo ocupa Nueva Zelanda porque obtiene un precio ocho veces superior al promedio mundial, estando Argentina en el tercer lugar.[8]

Las abejas siguen siendo los polinizadores más valiosos y económicos para los cultivos en todo el mundo. IPBES Brasil estimó que el servicio ecosistémico prestado por los animales polinizadores a la agricultura brasileña contribuyó con un valor económico estimado de USD 11,62 mil millones en 2018. La cifra se refiere a los valores que serían gastados por los agricultores si los polinizadores no contribuyesen a la producción de alimentos.[9] Para Europa, se estimó que los insectos polinizadores, principalmente las abejas, prestan un servicio que se puede valorar en unos 153 mil millones de euros al año, cifra equivalente a casi la décima parte del valor total de la producción mundial de alimentos agrícolas. Sin estos “servicios de polinización”, no se podría satisfacer la demanda actual de frutas, verduras, y productos como el café y el coco.[10]

La preocupación por el declive de las abejas no pasó desapercibida en el Congreso Nacional argentino. En el año 2013 el Diputado Alfredo Atanasof (Frente Peronista), presentó una preocupación por la creciente mortalidad de las especies “abejas melíferas” (Expediente 3035-D-2013). Dos años después el Diputado Alberto Asseff (UNIR), presentó un proyecto de Ley de Régimen de Protección de la Salud y el Hábitat de las Abejas y otros Polinizadores (4255-D-2015). El mismo contemplaba la prohibición de los “plaguicidas Acetamiprid, Clothianidin, Dinotefuran, Imidacloprid, Nitenpyram, Thiacloprid, Thiamethoxam así como cualquier otro plaguicida que pertenezca a la familia de los neonicotinoides”.[11] También establecía zonas de producción apícola y zonas de protección de polinizadores, “incluyendo las abejas nativas y silvestres, en las cuales se conservarán y fomentarán las condiciones de biodiversidad que favorezcan la vida y multiplicación de las abejas y otros polinizadores”.

En noviembre de 2019, el Diputado Juan Carlos Villalonga (PRO) presentó un proyecto de Ley de prohibición de productos fitosanitarios (Expediente 5119-D-2019)[12]. El mismo tiene giro a las Comisiones de Agricultura y Ganadería y Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano. El proyecto contiene dos artículos:

> 1ero.- Exige la prohibición, a partir del 30 de diciembre de 2020, del uso a campo y la comercialización de los productos fitosanitarios que contengan cualquiera de las sustancias químicas activas denominadas imidacloprid, clotianidina y tiametoxam.[13]

> 2do.- Dispone la realización, por parte del Poder Ejecutivo Nacional, de los estudios de riesgo necesarios para las tres sustancias químicas activas incluidas en el artículo 1º, en relación a la aplicación en semillas, los cuales deberán iniciarse antes del 30 de diciembre de 2020. Los resultados de los estudios citados serán de acceso público.

En la fundamentación del proyecto hace referencia a que varios países han encomendado estudios científicos para determinar las causas y posibles soluciones al declive de las abejas. En particular, el efecto que genera el uso de insecticidas en la producción agropecuaria en las poblaciones de abejas ha sido un común denominador en dichas investigaciones. Los plaguicidas conocidos como neonicotinoides han sido señalados como factor principal de deterioro en la salud de estos insectos. Estos estudios han identificado que la exposición de las abejas a los neonicotinoides ha presentado riesgos considerablemente altos.

Aplicando el principio precautorio, la Comunidad Europea prohibió temporalmente en 2013 la utilización de los neonicotinoides por el lapso de dos años a partir del informe emitido por la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA). Esta agencia analizó los riesgos de los tres pesticidas –clotianidina, imidacloprid y tiametoxam- con respecto a los efectos agudos y crónicos en la supervivencia y desarrollo de las colonias, teniendo en cuenta los efectos en las larvas y comportamiento de las abejas.

En octubre de 2016, EFSA publicó dos nuevos informes para las sustancias imidacloprid y clotianidina, bajo la luz de nueva evidencia científica que confirma los efectos negativos en las colonias de abejas. Por lo que en 2018 la totalidad de los países integrantes de la Unión Europea resolvió prohibir totalmente el uso al aire libre de los neonicotinoides Clotianidina, Thiametoxan e Imidacloprid, por su especial daño a las abejas melíferas y al resto de los polinizadores.

La Sociedad Argentina de Apicultores (SADA), en mayo de 2019 presentó ante el SENASA un documento solicitando “se prohíba el uso de neonicotinoides en semillas y como plaguicida en todo el territorio de la República Argentina”. En el mismo indican que “en nuestro país, SENASA ha aprobado más de una decena de principios activos neonicotinoides. Entre ellos los más conocidos por su elevada toxicidad, clotianidina, imidacloprid, thiametoxam. Estos insecticidas se venden en alrededor de 250 marcas comerciales, con distintas formulaciones y formas de aplicación”.

El proyecto de ley que deberá ser analizado por las comisiones mencionadas este año, es concreto, indica tres sustancias activas a ser prohibidas, -acorde con la prohibición que rige en otros países- y establece un plazo. También indica la realización de estudios de riesgos para su aplicación en semillas, y que sus resultados sean de acceso público.

Como expresa el autor del proyecto, si bien el declive de la población de abejas a nivel mundial ha demostrado ser multifactorial, es importante destacar que existe evidencia científica disponible en el mundo que señala los efectos negativos de los neonicotinoides, siendo procedente tomar medidas legislativas concretas en base al principio precautorio.

La aprobación de este proyecto, es un paso importante para eliminar una de las fuentes considerada relevante, entre las causas del declive de las poblaciones de abejas.


[1] Disponible en   https://www.worldbeeday.org/files/declaration/RESOLUTION_L32_World_Bee_Day.pdf

[2] La polinización es el proceso a través del cual el polen es transferido desde el estambre (órgano floral masculino) hasta el estigma (órgano floral femenino). De esta forma, se produce la germinación y fecundación de óvulos de la flor, lo que da lugar a la producción de semillas y frutos. Ese grano de polen proveniente del estambre, puede llegar al estigma de distintas maneras: por las acciones del agua o el viento (vectores abióticos), o por insectos, aves o algunos mamíferos (vectores bióticos, los cuales polinizan a alrededor del 80% de las flores).

[3] Disponible en: http://esciencecommons.blogspot.com/2016/02/pollinators-vital-to-food-supply-facing.html

[4] Disponible en    https://www.epa.gov/pollinator-protection/colony-collapse-disorder

[5] Rapid Assessment of Pollinators’ Status a Contribution to the International Initiative for the Conservation and Sustainable Use of Pollinators (FAO 2008) – http://www.fao.org/3/a-i1046e.pdf

[6] Requier Fabrice et al., “La pérdida global de colonias de la abeja melífera: un mundo de encuestas donde las fronteras persisten”. APICULTURA SIN FRONTERAS – N° 92 – Agosto de 2017, pp 13-18.

[7] Información extraída de https://www.dw.com/es/a-qui%C3%A9n-le-importa-la-p%C3%A9rdida-de-abejas-en-am%C3%A9rica-latina/a-48446898

[8]Ver: https://inta.gob.ar/sites/default/files/inta_cicpes_instdeeconomia_sanchez_mercado_apicola_internacional.pdf

[9] Ver: http://agenciabrasil.ebc.com.br/es/geral/noticia/2019-02/estimada-en-us-116-mil-millones-la-vel contribucion-de-los-polinizadores

[10] Ver: https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-valor-de-los-insectos-polinizadores-es-de-153.000-millones-de-euros-al-ano

[11] Los neonicotinoides son una familia de insecticidas que actúan en el sistema nervioso central de los insectos y, con menor toxicidad, en vertebrados (aves y mamíferos). En insectos, los neonicotinoides causan parálisis que lleva a la muerte, frecuentemente en pocas horas. Debido a que los neonicotinoides bloquean una ruta neuronal específica que es más abundante en insectos que en mamíferos de sangre caliente, estos insecticidas son selectivos frente a insectos en comparación a mamíferos.

[12] Disponible en: https://www.diputados.gov.ar/proyectos/resultados-buscador.html

[13] En la Argentina el uso de clotianidina está registrado en el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) como producto insecticida para tratamiento de semillas de once cultivos (entre los cuales se incluyen maíz, trigo, cebada, sorgo, avena, colza y festuca), mientras que imidacloprid, además de tener ese mismo registro para trigo, avena y festuca, cuenta con autorización de uso como insecticida en soja, algodón, tabaco, frutales y hortalizas. En cuanto a tiametoxam, está autorizado para tratamiento de semillas de alfalfa, avena, cebada, soja, sorgo, girasol, algodón, maíz y trigo, además de poder aplicarse en pasturas de alfalfa, algodón, olivos, poroto, frutales, hortalizas y plantas ornamentales (https://shortest.link/NnRsj).

Elba Stancich integra la Junta Directiva de la organización eco-política Los Verdes. Asesora parlamentaria desde 2016 a 2019. Consultora y docente de Nivel Superior y Posgrado en la provincia de Santa Fe. Experiencia en coordinación de proyectos y activismo ecologista.

Los Verdes -FEP está formado por un grupo de personas que comparten una trayectoria común de trabajo a favor de la sostenibilidad ambiental y la equidad social. Su objetivo es lograr que temas como el cambio climático, la defensa de los derechos humanos, sociales y laborales, el cambio de modelo energético, la soberanía alimentaria, la protección, acceso y gestión pública del agua y la lucha contra la pobreza tengan la relevancia que merecen en la agenda social y política.

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