HACIA UNA NUEVA VISIÓN DE LA PRODUCCIÓN AGROPECUARIA: AGRICULTURA BAJA EN CARBONO

  • El desarrollo de la agricultura en Argentina ha demostrado un importante crecimiento en los rindes a lo largo de los años. Sin embargo, este crecimiento ha estado atado a fuertes consecuencias dadas por las prácticas insostenibles en la actividad.
  • En Argentina, el sector Agricultura y Ganadería se ubica en segundo lugar como mayor emisor de gases de efecto invernadero, luego del sector energético.
  • Existen algunos casos representativos sobre implementación de proyectos de agricultura de bajo carbono en la región.
  • En nuestro país, si bien han existido numerosas iniciativas legislativas y programas nacionales que buscan darle un incentivo más a la producción orgánica, aún no se ha logrado consolidarlas en una ley que beneficie al sector.

Por Ana Norkus 

El desarrollo de la agricultura en Argentina ha demostrado un importante crecimiento en los rindes a lo largo de los años con el desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas al sector. Solo en la producción de soja se ha pasado de 500.000 toneladas cosechadas en 1973 a un total de 58 millones de toneladas en 2016. Esto significa un crecimiento exponencial enorme, y da la pauta de lo clave que es este sector productivo para nuestro país.

Sin embargo, este crecimiento ha estado atado a fuertes consecuencias dadas por las prácticas insostenibles en la actividad; tales como la degradación de tierras, deforestación, incendios, la expansión de la frontera agropecuaria y la liberación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera. Aproximadamente un 24 por ciento de los GEI a nivel mundial corresponden a la agricultura[1], ubicándose como el segundo sector económico de mayor emisión. Actualmente, el continente asiático lidera la tendencia mundial de contribución de emisiones de la agricultura, aportando un 44 por ciento, seguido por América con un 25 por ciento. Sin embargo, en lo que respecta a deforestación y cambio de uso de suelo, es el continente americano el que lleva la delantera con un aporte del 37 por ciento.[2]

Fuente: Quinto Informe de Evaluación del IPCC (2014): Grupo de trabajo III: Mitigación del cambio Climático. Emisiones globales de 2010.

En Argentina, el sector Agricultura y Ganadería también se ubica en segundo lugar como mayor emisor, luego del sector energético, con un 27, 8 por ciento[3]. Con respecto a la distinción por tipo de GEI, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) fueron generadas en un 31,2 por ciento por cambio de uso de suelo y silvicultura, y en el caso del metano, el sector de Agricultura y Ganadería es el principal emisor debido a la fermentación producida por el ganado, significando un 60 por ciento.

Teniendo en cuenta estos datos, resulta primordial el diseño y ejecución de proyectos que contengan mecanismos y medidas para reducir los impactos de las emisiones de la agricultura, como es el manejo de nutrientes en tierras de cultivo mediante la agricultura sin labranza, la fertilización de liberación controlada y la agricultura orgánica. Estas herramientas llevan a repensar la actividad agropecuaria,  teniendo en cuenta la necesidad de adoptar estrategias que tienen como objetivo utilizar tecnologías bajas en emisiones de GEI, representando un desafío para las prácticas convencionales.

Existen algunos casos representativos sobre implementación de proyectos de agricultura de bajo carbono en la región. Un caso emblemático es el ‘Plan ABC’ en Brasil, financiado por el Banco de Brasil. En el período 2011-2012, se lograron financiar 2.142 proyectos, con un valor de 666 millones de reales, beneficiando a 20 de 27 Unidades Federativas. El Plan consta de siete programas, los primeros seis se encuentran relacionados con las diversas tecnologías de mitigación, y el último con adaptación, estos son: recuperación de suelos degradados, integración cultivos-ganadería-bosque (Sistema ILPF) y sistemas agroforestales, sistema de siembra directa, fijación biológica de nitrógenos, reforestación, tratamiento de residuos agropecuarios, y finalmente el programa de adaptación al cambio climático[4].

Costa Rica también ha tenido experiencias interesantes. Desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería y el Ministerio de Ambiente se estudiaron estrategias para disminuir el uso de agroquímicos, que aportan al incremento de emisiones[5]. Por ejemplo, en el caso del café se estudió el uso de fertilizantes de lenta liberación y el fomento de sistemas agroforestales y silvopastoriles. Al mismo tiempo, el INTA Costa Rica en el marco del Programa de Cooperación Sur-Sur de los Países Bajos, ha logrado avanzar en el proyecto  ‘Desarrollo de la capacidad local en tecnologías agrícolas bajas en carbono y amigables con el ambiente’, vinculándose con el gobierno de Bhutan. Ha logrado capacitar a más de 150 productores, extensionistas e investigadores acerca de las nuevas estrategias bajas en emisiones[6].

En nuestro país se han conquistado algunas victorias importantes en relación a la producción orgánica; una de las estrategias de la agricultura de bajo carbono. Este tipo de producción ha aumentado de manera tímida pero incipiente en Argentina, siendo 2015 el año donde la superficie orgánica cosechada presentó un crecimiento del 10% con respecto al año anterior, representando un total de 75.472 hectáreas y alcanzando el valor más alto desde el inicio de la actividad orgánica en nuestro país[7]. Esto responde a la gran demanda a nivel internacional de productos frescos, sanos y libres de agroquímicos, y si bien ha significado un gran avance, aún el sector nacional posee serias dificultades asociadas a los costos derivados y la inexistencia de legislación nacional que fomente y facilite fondos específicos para promover la actividad.

Es importante destacar también la existencia de algunas experiencias en marcha en Argentina en base a otras prácticas de agricultura de bajo carbono, como es el caso de la agroecología. Este tipo de producción implica la aplicación de un sistema que analiza en conjunto variables biológicas, físicas y químicas, en reemplazo de la utilización de productos agroquímicos. Es una alternativa que busca integrar la biodiversidad a los sistemas agropecuarios, así como otorgar a los agricultores la posibilidad de agregar valor en sus productos e incentivar las economías locales. El INTA trabaja desde 2013 en la Red de Agroecología, compuesta por más de 100 investigadores, con el objetivo de continuar promoviendo la investigación y las experiencias en distintos puntos del país[8].

Desde el año pasado espera a ser tratado en el Senado el proyecto de ley con sanción de la Cámara de Diputados, que tiene como objetivo la instalación de un régimen de promoción de la producción orgánica. El proyecto crea un Registro de Productores y Elaboradores, en el ámbito del Ministerio de Agroindustria, y genera beneficios mediante un tratamiento fiscal para el sector, sumado a un Fondo de Promoción del Producto Orgánico.

Si bien han existido numerosas iniciativas legislativas y también programas ejecutivos nacionales que buscan darle un incentivo más a la producción orgánica, sobre todo a aquellos productores convencionales que pueden reconvertir su actividad al orgánico, aún no se ha logrado consolidarlas en una ley que beneficie al sector. Todavía tenemos un largo camino por seguir, y Argentina como país agropecuario debe repensar su visión del sector, en vistas no solo a cumplir los compromisos asumidos en el marco del Acuerdo de París y la necesidad de reducir los GEI provenientes de la actividad, sino también para acoplarse a una tendencia mundial que se encuentra en pleno crecimiento y necesita de la participación activa de nuestro país.

 

[1] Fuente: Quinto Informe de Evaluación del IPCC (2014): Grupo de trabajo III: Mitigación del Cambio Climático.  Basado en las emisiones globales de 2010.

[2] Estudio de FAO, tendencias de emisiones por continente del período 2001 al 2011, en el Informe ‘Agriculture, Forestry and Other Land Use Emissions by Sources and Removals by Sinks’ de FAO, publicando en Marzo 2014.

[3] Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático. SAyDS.

[4] Para más información sobre los programas, ver Informe ‘Plano Setorial de Mitigação e de Adaptação as Mudanças Climáticas para a Consolidação de uma Economia de Baixa Emissão de Carbono na Agricultura’: http://www.agricultura.gov.br/assuntos/sustentabilidade/plano-abc/arquivo-publicacoes-plano-abc/download.pdf

[5] http://www.nacion.com/nacional/Pais-bajar-emisiones-carbono-fertilizantes_0_1365063495.html

[6] http://www.platicar.go.cr/images/Comunidades_de_Practica/pdf/Agricultura-bajos-costos-(ABC).pdf

[7] Informe de SENASA ‘Situación de la Producción Orgánica en la Argentina durante el año 2015’, publicado en marzo 2016: http://www.mapo.org.ar/web_2007/wp-content/uploads/2008/08/Informe-SENASA-2015.pdf

[8] http://intainforma.inta.gov.ar/?p=29269

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