DESPERDICIOS DE ALIMENTOS: DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES

  • Las ciudades generan alrededor de 1300 millones de toneladas anuales de residuos, de los cuales la mitad corresponde a orgánicos.
  • Un tercio de la producción de alimentos para consumo humano se desperdician en el mundo. Las pérdidas por los alimentos desperdiciados se estiman en 940.000 millones de dólares.
  • Recientemente, el Parlamento Europeo estableció una serie de medidas destinadas a reducir en un 50% los desperdicios de alimento para 2030.
  • También existe una enorme oportunidad en el aprovechamiento de los restos orgánicos, para la generación de nutrientes, energía e ingresos que cubran los gastos del tratamiento de RSU.  

Por Consuelo Bilbao  

Las ciudades son grandes productoras de basura, consumen el 75% de los recursos naturales del mundo, generan el 50% de los residuos y emiten entre un 60 a 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del mundo[1]. Esta situación se agravará si consideramos que para el  2050 más del 70% de la población vivirá en ciudades. Las zonas urbanas están produciendo alrededor de 1.300 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos (RSU) por año[2], de los cuales aproximadamente la mitad corresponde a  orgánicos. Se estima que la demanda de alimentos aumentará para 2050 en un 55%, lo que representará un aumento en los residuos generados y grandes desafíos para aprovechar todo lo que se desperdicia.

Las pérdidas y desperdicios de alimentos suben los precios para los consumidores e impacta negativamente en la nutrición y la salud de las poblaciones. Si bien cerca de un tercio de los alimentos producidos para consumo humano se desperdicia, no se trata solo de una cuestión ética de tirar a la basura el alimento que otros necesitan, también tiene altos impactos ambientales y económicos. Las pérdidas por los alimentos que  desperdiciamos se estiman en 940.000 millones de dólares al año a nivel mundial[3].

Estos perjuicios no solo se dan en las grandes urbes, sino también en las zonas rurales a través de las distintas etapas de la cadena alimentaria, producción, distribución y consumo. Se estima que más de un tercio de las pérdidas ocurren a nivel de los consumidores. En los países industrializados, la mayor merma se produce en las últimas etapas (distribución y consumo),  mientras que en los países en vías de desarrollo las pérdidas se dan en las etapas de la producción por falta de tecnología e infraestructura.

Recientemente, la Comisión de Ambiente del Parlamento Europeo aprobó una serie de medidas destinadas a reducir al 50% los residuos de alimentos para el 2030. Para implementar esta reducción los eurodiputados proponen levantar las restricciones existentes a las donaciones de alimentos, trabajar en una respuesta política sobre etiquetado, responsabilidad y educación, dado que se confunden las fechas de caducidad de un producto con las de consumo preferente, y deben evaluarse las posibilidades de usos de los alimentos una vez superada la fecha de consumo preferente. Además, rever la eliminación de ciertas fechas para productos que no representan riesgo para la salud pública y  estudiar las posibles exenciones fiscales por donación de alimentos.

No solo se puede prevenir la generación de desperdicio de alimentos, existen también  enormes desafíos en el aprovechamiento de los restos de alimentos. Las ciudades, como las nuevas potencias que generan más del 80% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial, pueden jugar un rol importante al implementar la economía circular del ciclo biológico (biomasa/residuos de alimentos, etc). Los restos  orgánicos generados diariamente en las ciudades pueden volver a la biosfera para recuperar los suelos rurales degradados. Los nutrientes de nitrógeno, fosforo y potasio recuperados de los residuos orgánicos a escala global podrían aportar 2,7 veces más nutrientes que los fertilizantes sintéticos[4].

Los niveles de recupero de la fracción orgánica a nivel mundial varían de acuerdo a las ciudades, pero en general son muy bajos, lo que indica una gran oportunidad a futuro. Tanto el aprovechamiento de los nutrientes de los lixiviados del residuo orgánico, como el biosólido a través del  compost  o la recuperación de energía, pueden compensar los costos operativos del tratamiento de los residuos, generar ingresos, aumentar la participación de las energías renovables y reducir las emisiones de GEI.

Por ejemplo, en Amsterdam según estudios recientes, el procesamiento de alto valor de los residuos orgánicos locales podría  aportar un valor añadido de 150 millones de euros, ahorrar  900.000 toneladas de material y reducir 600.000 toneladas anuales de dióxido de carbono (CO2) para la ciudad. Estos beneficios pueden generarse utilizando biorrefinerías, logística para la separación y retorno de residuos, flujos orgánicos en cascada (aprovechar las distintas etapas) y recuperación de nutrientes.

[1] PNUMA

[2] ELLEN MACARTHUR FOUNDATION, Urban Biocycles, marzo 2017.

[3] BILJANA BORZAN (EURODIPUTADA): “El desperdicio de alimentos causa una pérdida económica de  940.000 millones de dólares al año” en http://www.residuosprofesional.com/biljana-borzan-desperdicio-alimentos/?platform=hootsuite

[4] ELLEN MACARTHUR FOUNDATION, Urban Biocycles, marzo 2017.

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