DEPREDACIÓN Y CONTAMINACIÓN, LAS PANDEMIAS QUE SUFREN LOS OCÉANOS

Por Milko Schvartzman* y Consuelo Bilbao**

Cada vez que llenamos nuestros pulmones, más de la mitad del oxígeno que nos da vida, proviene del Océano; así de importante es para nuestro Planeta. Estemos en la cima de un cerro a mil kilómetros del mar, o en la pampa, el océano se respira a cada minuto. Más del 70% de la superficie del planeta ´Tierra´ es azul y salada.

Los océanos regulan el clima planetario, generan algo más de la mitad del oxígeno, absorben grandes cantidades de CO2 amortiguando el impacto del Cambio Climático, albergan la mayor biodiversidad, y es fuente de alimento y sustento para millones, y si somos justos, son también inspiración y recreo para toda la humanidad. Si el océano colapsa, colapsa la vida en la Tierra.

Existen dos flagelos crecientes sobre el ecosistema marino, la sobrepesca y la contaminación. La mayor amenaza que sufre el Mar Argentino es la pesca pirata, realizada por una flota de 4 países, China, Taiwán, Corea del Sur y España. Más allá de la gravedad jurídica y geopolítica que representa el ingreso ilegal a faenar al territorio argentino, es aún peor el nocivo impacto ambiental que causan sobre los recursos naturales, debido a la depredación y contaminación, ya sea dentro de la Zona Económica Exclusiva o por fuera.

 
Para resolver esta situación es necesario que por primera vez el Estado plantee una estrategia de solución de fondo, ante organismos internacionales, para proteger esa zona única en el mundo por su riqueza y biodiversidad, cerrándola a la pesca. La solución necesaria tanto en términos ambientales como de Derechos Humanos, es la suspensión de la pesca en esa región; la clave para realizarlo se encuentra en la voluntad política.

Por otra parte, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) es practicada por un pequeño grupo de tan solo cinco países en un área, conocida en la jerga como “el lejano oeste”, que equivale al 40% de la superficie del Planeta y que no cuenta con regulaciones. Argentina sufre descarnadamente los impactos de esta actividad destructiva del ambiente marino, que violenta los Derechos Humanos de sus tripulantes esclavizados y que abusa de los derechos económicos de un centenar de países en vías de desarrollo, en Latinoamérica y África. El daño a los recursos y la economía de estos países es irreparable, sea en la milla 199 o en la 201.

La segunda amenaza es la contaminación de los océanos, que alcanza hasta la última gota de mar, cuya cara más visible es la aparición cada vez más frecuente de la fauna marina muerta por ingestión o estrangulamiento por plásticos descartados. Su cara invisible es el consumo de microplásticos que estamos haciendo los humanos a través de la cadena alimentaria, cuyos riesgos sobre la salud, aún están poco estudiados. 

Entre el 60% y el 90% de la basura marina proviene de polímeros de plástico descartados, cuya presencia se ha detectado desde el Ártico hasta la Antártida, incluyendo los lugares más remotos como la Fosa de las Marianas. El origen de la basura presente en los mares, es en su mayor parte (80%) de origen terrestre, es decir derivada de la mala gestión de los residuos y aguas residuales en ciudades.

Los esfuerzos para mejorar la gestión de residuos y las políticas de prevención en la generación, no están a la par del crecimiento en la producción, consumo y descarte, principalmente de envases de un solo uso. Actualmente a escala global, reciclamos menos del 20% de lo producido, mientras se vierten 9 millones de toneladas métricas de plástico por año a los océanos.

Argentina es un gran emisor de plásticos en los mares, ocupa el puesto 28 a nivel internacional[1]. El 40% de la población dispone los residuos en basurales a cielo abierto, es decir no cuenta con una medida sanitaria básica como el relleno sanitario, ni tampoco con regulaciones de vanguardia en materia de prevención de residuos. A diferencia de otros países, incluidos los de la región, donde avanzan políticas y regulaciones para prevenir la generación de residuos, llevamos décadas discutiendo normas que nunca llegan a concretarse.

Para poder conservar y proteger el espacio marino, debemos observar el mar, desde nuestras costas. La superficie marina alcanza más del 40% del total del territorio argentino. Entendiendo su vastedad y riqueza, encontraremos razones más que suficientes para delinear políticas más que urgentes, ya sea en términos de control de la pesca pirata y/o de gestión y prevención de residuos.


[1] Reporte Plastic Waste inputs form land into the Ocean. College Of Engineering, University of Georgia.

*Especialista en Conservación Marina. Coordinador de Biodiversidad del Círculo de Políticas Ambientales.

**Directora Política del Círculo de Políticas Ambientales

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