EL CAREM, OTRO REACTOR NUCLEAR EN EL PAÍS DEL VIENTO Y DEL SOL

  • El pasado 3 de agosto, la Secretaría de Energía Eléctrica del Ministerio de Energía y Minería autorizó el ingreso a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) como agente generador del Mercado Eléctrico Mayorista para su Central Nuclear Prototipo CAREM.
  • A pesar de los buenos propósitos con que es vendido, el CAREM tiene una historia oscura y temeraria.
  • INVAP se caracteriza por llevar adelante proyectos nucleares plagados de gran secretismo y que significaron enormes derogaciones de dinero de todos los argentinos.
  • El origen del CAREM fue claramente militar y pergeñado en plena dictadura.
  • La energía nuclear es cara, peligrosa, sucia y no contribuye tampoco a mitigar el cambio climático.

Por Elba Stancich

El pasado 3 de agosto, por Resolución 244–E/2016, la Secretaría de Energía Eléctrica del Ministerio de Energía y Minería, autorizó el ingreso a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) como agente generador del Mercado Eléctrico Mayorista para su Central Nuclear Prototipo CAREM. Tendrá una capacidad de operación de unos  25 MW de potencia, y está ubicada en Lima, provincia de Buenos Aires, donde están las centrales Atucha I y Atucha II, renombradas Presidente Perón y Néstor Carlos Kirchner respectivamente.

La solicitud de ingreso había sido realizada por la CNEA el pasado 3 de junio de 2015,  contando desde octubre de 2013 con Certificado de Aptitud Ambiental otorgado por el Organismo Provincial para el Desarrollo Sustentable (OPDS) de la provincia de Buenos Aires.  Esta central comenzó a construirse en febrero de 2014 y utilizará parte de la infraestructura existente donde funcionó la Planta Experimental de Agua Pesada (PEAP).

El CAREM, cuyo nombre corresponde a la sigla de Central Argentina de Elementos Modulares, es un prototipo, cuyo diseño, ejecución y puesta en marcha por parte de la CNEA, fue declarado de interés nacional por el Congreso Nacional, por Ley 26.566/2009, que además otorga beneficios a la CNEA para su construcción. Posteriormente el entonces Diputado Nacional Carlos Comi presentó un proyecto de Ley, Expediente 5589-D-2011, elaborado por la organización ecopolítica Los Verdes, en el cual se proponía la derogación de la Ley 26.566, en cuyo articulado también aprueba la extensión de la vida útil de la Central Nuclear de Embalse.

Con anterioridad, el CAREM ya había sido declarado de Interés Nacional por el Poder Ejecutivo Nacional, a través del Decreto 1107/2006.

Antecedentes

Si bien el CAREM se lo presenta como un prototipo experimental de reactor nuclear de baja potencia, íntegramente diseñado y construido en Argentina, con nobles propósitos como proveer abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos o polos fabriles con alto consumo de energía, desalinización o provisión de vapor para diversos usos industriales, su historia es mucho más oscura y temeraria.

Para recorrerla hay que remontarse a los proyectos desarrollados por INVAP SE (Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado)[1] a instancias de CNEA, en época de dictadura, de un reactor productor de plutonio, luego reorientado por el Vicealmirante Castro Madero a un reactor compacto para un submarino propulsado por energía nuclear. Proyectos que junto a otros, estuvieron plagados de gran secretismo y que significaron enormes derogaciones de dinero de todos los argentinos, tal como se detalla pormenorizadamente en “El Informe de Greenpeace sobre INVAP. Una historia que la industria nuclear quiere ocultar”, de marzo de 1992.

Así surge el Proyecto CAREM, como reconversión del proyecto de reactor compacto promovido por Castro Madero.

El CAREM fue presentado por primera vez en 1984 en Lima, Perú, en una conferencia del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre Pequeños y Medianos Reactores, como “reactor innovativo”, “intrínsecamente seguro”. INVAP comienza entonces una persistente búsqueda de recursos económicos nacionales para concretar su prototipo y para ofertarlo a nivel internacional.

Para varios funcionarios de INVAP, la ventaja de la escala del reactor facilitaba su “venta”, ya que al reconocer la existencia de movimientos ciudadanos contrarios a la energía nuclear, consideraban que un reactor pequeño iba a pasar desapercibido y se evitaría el “shock y la pérdida de tiempo”.

Son varios los escándalos internacionales que protagonizó INVAP en relación a transacciones comerciales por el CAREM con otros países, documentados en el informe de Greenpeace anteriormente citad. También fueron muchas las polémicas desatadas por la pretendida inclusión de fondos del erario público para financiarlo. En diciembre de 1999, en el debate parlamentario por el presupuesto del año 2000, finalmente se logró eliminar el artículo que habilitaba fondos para el CAREM, por la presión de una coalición de ambientalistas y miembros del sector científico que lograron cuestionar esa asignación presupuestaria.

Sin duda la transacción comercial que tomó mayormente estado público y generó una reacción a lo largo y ancho de todo el país, fue la venta de un reactor a Australia, ya que encerraba un compromiso de procesar el combustible nuclear gastado del reactor australiano en Argentina, en una maniobra claramente violatoria de la Constitución Nacional, que expresamente prohíbe el ingreso de residuos radiactivos al país.

Este hecho develó la intención que estuvo presente desde el comienzo para INVAP, el proyecto de los “kilovatios limpios” apuntaba además a un mercado futuro de reciclar en el país combustible nuclear que generaban otros países.

Tristes pioneros en el mundo

La CNEA se jacta que Argentina se perfile como uno de los más destacados referentes mundiales en el mercado de las pequeñas centrales y de ser pionera en el desarrollo de esta tecnología. Es bueno repasar nuestra historia para no confundirnos, el origen de este proyecto fue claramente militar y pergeñado por militares en plena dictadura.

La energía nuclear es cara, peligrosa y no es limpia. No contribuye tampoco a mitigar el cambio climático. Apostar por estos proyectos es condenarnos a vivir en sociedades cada vez más inseguras, puesto que estos empredimientos también son blanco de acciones terroristas, además de estar generando residuos que seguirán siendo altamente peligrosos para los nietos de nuestros nietos.

No está en duda la alta formación, capacidad e idoneidad de técnicos y científicos argentinos involucrados en estos proyectos. Pero Argentina se debe un amplio debate si quiere continuar esta senda o abandonarla por completo, apostando y reconvirtiendo su capacidad e instalaciones nucleares en tecnologías que sean realmente limpias y cuya concepción apunte a construir sociedades más descentralizadas y colaborativas y que no dejen un pasivo ambiental para quienes nos sucedan.

 

[1]     INVAP se conformó el 3 de septiembre de 1976, como empresa propiedad de la Provincia de Río Negro, mediante el Decreto Provincial 661/76. Nació ligada a la CNEA mediante un convenio para hacerse cargo de proyectos de Investigación y Desarrollo, firmado entre el Presidente de la CNEA, Castro Madero, y el Gobernador de la Provincia de Río Negro, Aldo Luis Bachmann, ambos miembros de la Armada Argentina.

 

Elba Stancich: Se dedica a temas ambientales con 30 años de trabajo en ONGs. Ha participado de numerosas  campañas nacionales y regionales. Con experiencia en la coordinación de proyectos y activismo ecologista.
Ingeniera civil, especializada en Ingeniería Ambiental. Consultora y docente.

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